«Mi mujer me abandonó hace cinco años y hoy no ha dejado de llamar»

Jon Jiménes lleva años tratando de sacar adelante él solo a sus hijas, Lucía y Yasmina, desde que su mujer les «abandonó». Ayer no podía contener la emoción./TERRY BASTERRA
Jon Jiménes lleva años tratando de sacar adelante él solo a sus hijas, Lucía y Yasmina, desde que su mujer les «abandonó». Ayer no podía contener la emoción. / TERRY BASTERRA

Un torrente de emociones desbordó a decenas de afortunados de Deusto y Arangoiti

TERRY BASTERRA / OLATZ HERNÁNDEZ

Abrazos. Lloros. Risas. Gestos de incredulidad. Gritos. Y sonrisas. Una lluvia de sonrisas. Los barrios de Deusto y Arangoiti se inundaron ayer de emociones que, a primera vista, eran la viva imagen de la felicidad. El reguero de 100 millones que dejó el Niño en Bilbao provocó todo tipo de reacciones en los afortunados que se acercaron a celebrar su suerte hasta la administración de la avenida Lehendakari Agirre y hasta el bar Ziortza, los dos puntos en los que se vendieron todos los décimos del 05685, el número de la suerte. Hubo gente que se acordó de los momentos duros que habían tenido que superar en 2017. A otros les vinieron a la memoria los seres queridos que ya no están y con los que les hubiese gustado vivir este destello de felicidad. Y tampoco faltaron las menciones a las estrecheces económicas que algunos vecinos sufren en Arangoiti, uno de los barrios «humildes» de Bilbao. Pero en general predominaba la alegría colectiva que brota ante una buena noticia y, sobre todo, cuando esta es inesperada y compartida. «Vamos a tapar muchos agujeros», repetían los agraciados.

Joni «Llevo toda la vida luchando por mis hijas»

Después de años de palos, la vida por fin le ha devuelto una sonrisa a Joni Jiménez. Lleva más de una década sin trabajo fijo haciendo kilómetros con su vieja furgoneta de 22 años para ganar unos euros con los que sacar adelante a sus hijas, algo que ha hecho «en solitario desde hace cinco años», cuando su mujer se marchó de casa. «Hoy, después de no querer saber nada de nosotros durante mucho tiempo, no para de llamarme», relató con una media sonrisa en el rostro.

Joni no acababa de creerse que por fin su suerte hubiese cambiado. «Llevo toda la vida luchando por mis niñas. Necesitábamos esto porque de verdad no teníamos nada», confesó. Regalarle un perfume a una de sus hijas estas navidades le había costado un esfuerzo tremendo, lo mismo que reunir los 20 euros con los que compró el décimo en el bar Ziortza, de su amigo ‘Tommy’, a donde acude todos los días.

A primera hora de la tarde no sabía qué iba a hacer con el inesperado premio de lotería. Sus hijas menores Lucía y Yasmina -de 13 y 14 años, respectivamente- lo tenían bastante más claro. «Quiero un viaje a Roma, unas extensiones y un iPhone», dijo la pequeña. Jiménez estaba viendo el sorteo en casa cuando se enteró. «Al principio pensaba que solo tenía los últimos tres números, pero cuando vi que eran los cinco perdí el décimo de lo nervioso que me puse. No sabía dónde lo había metido. Al de un rato, cuando me tranquilicé, apareció», apuntó. Para sus hijas también fue un shock tremendo. «Me despertó mi hermana tirándome de los pelos», recordó Lucía.

Esta familia de etnia gitana vive en Arangoiti desde hace 8 años y subsiste gracias al dinero que consigue su padre con trabajos puntuales con una furgoneta que ahora jubilará y a las ayudas sociales. Desde ayer afrontan la vida con más alegría y con «seguridad», algo que el padre no ha podido hacer desde hace más de una década por circunstancias de la vida.

Vanesa Martín y Carlos Zarzosa «El 2017 ha sido un año nefasto y muy duro»

Entre la multitud que atestaba las inmediaciones del bar Ziortza, en el barrio de Arangoiti, Vanesa Martín y Carlos Zarzosa eran parte activa de un jolgorio desenfrenado que había reunido en una pequeña plaza a cerca de 200 personas. Ayer, además, esta pareja celebraba que se habían conocido un lejano 6 de enero de 2001, y la entrañable efeméride no pudo tener mejor obsequio. «Había cogido un décimo a medias con mi padre, así que el premio es repartido. Pero bueno, que yo estoy encantada», reconoció la mujer, que se enteró de la feliz noticia «en directo, porque lo estábamos viendo en la televisión. Ha sido espectacular y hemos chillado un montón de alegría».

Ambos, emocionados y acompañados por su hija y la abuela de esta, admitieron que este año recién concluido «había sido nefasto y muy duro. Este regalo de Reyes es un bombazo impresionante». Igualmente, el hecho de que haya sido ‘Tommy’, el dueño del establecimiento, el que haya repartido semejante lluvia de millones les parece «brutal». «Se lo merece más que nadie», afirman. «Utilizaremos este pellizco para deshacernos de un buen cacho de la dichosa hipoteca y para el coche que acabábamos de comprar. Habíamos financiado una parte pero me parece que ahora nos podemos permitir el lujo de pagarlo a tocateja», remató esta pareja.

Iñaki «Pediré un coche a mis aitas, a ver si cuela»

Alejados un poco de la muchedumbre y las cámaras de la televisión se encontraban unos jóvenes celebrando cerveza en mano. Uno de ellos, Iñaki, tenía motivos de sobra para estar más feliz que unas castañuelas: sus padres habían sido agraciados con uno de los décimos de la suerte. Menudo día de Reyes. «Hacienda se va a llevar un pico, pero qué narices, menos es nada», apuntó entre las risas de sus amigos, que no fueron tan afortunados como él. El joven, que está trabajando en la actualidad, estaba en la cama en el momento en que la diosa fortuna decidió aporrear la puerta de su hogar. «Estaba sobao. Me he tenido que levantar a la carrera porque he empezado a escuchar gritos, ha sido alucinante», señaló.

El dinero, como muchos otros de los agraciados, irá destinado a librarse de algunos gastos pendientes y, si se puede, para alguna cosa especial. Aunque deciden los aitas, claro. «A ver si nos vamos los cuatro de viaje por ahí... ¡A Londres, a Londres! Que está mi prima y así la vemos también», proclamaba convencido, para agradecer después «que por fin podamos celebrar una alegría de estas proporciones en un barrio como el nuestro, humilde y de gente trabajadora». Por último, crecido por la emoción del momento, este chico de 22 años no descartó pedir a sus aitas «un coche. Y si cuela, cuela. Que me pillasen una casa sería ya algo increíble».

Itziar Frutos «Nos ha venido genial para las tres hermanas»

A la familia de Itziar Frutos el premio les va a suponer un empujón, no sólo económico, que les va a servir a ella y a sus dos hermanas para hacer realidad sus planes de futuro. Cada una tiene algo en mente a lo que dedicar ese dinero. Mientras ella y las amigas se hacen fotos, el novio de Itziar cuenta que su pareja lo destinará a arreglar el coche nuevo que han adquirido y que acaba de sufrir una avería. La segunda hermana para costearse los estudios universitarios que realiza fuera de Bilbao y la que falta para estudiar el máster que quería hacer y que no sabía cómo pagar. «Nos ha venido genial para que las tres hermanas puedan cumplir sus planes y arreglar el coche», aseguraba el novio de Itziar, a quien no le ha tocado el premio porque no había comprado ningún décimo en el bar Ziortza, pero que ayer estaba igual de contento que el resto de vecinos del barrio. También «porque ha caído en un barrio donde la gente de verdad lo necesita».

Belén Sánchez «Mi primera nieta va a tener un gran regalo»

Dicen que los hijos nacen con un pan bajo el brazo. En el caso de Belén Sánchez, son los nietos los que traen la suerte. Esta vecina de Arangoiti festejaba ayer el décimo compartido con sus amigas. Ya sé que esos 28.000 euros no son la salvación, pero vienen muy bien». Sin agujeros que tapar, Belén piensa en la niña que está en camino. «En quince días voy a ser amama. Mi primera nieta va a tener un gran regalo», decía con entusiasmo. Los de alrededor no sabían si la desbordante alegría era porque le había tocado la lotería o por Alaia, que así se va a llamar la pequeña.

Encarni Madrid «Me voy a comprar un coche automático»

Auxiliar de clínica y con un pinzamiento de vértebras que le hace acudir a la Unidad del Dolor, Encarni Madrid tiene muy claro a quéva a destinar el dinero. «Me voy a comprar un coche automático porque, a cuenta del problema de espalda, me cuesta conducir», contaba ayer esta vecina de Arangoiti. Había quedado con sus amigas para celebrar el pellizco. Entre siete de ellas se van a repartir un décimo tocado con el Gordo. «Nos tocan 28.500 euros a cada una, pero hay que descontar la parte de Montoro», añadía. Y es que el ministro de Hacienda era ayer uno de los políticos más nombrados, pese a que el 20% del premio no va a las arcas de Madrid, sino a la Hacienda foral de Bizkaia. Y en esto que llegó Ibon a darle un beso. Es uno de sus tres hijos. «Se casa el año que viene, así que este dinero también nos vendrá de maravilla para los gastos de la boda», despachó.

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